La carta de Marc

¿Hasta que punto el ser humano puede ser capaz de no ver lo que tiene delante de sus narices? Reflexionando sobre la frase atribuida a Albert Einstein, “Hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana”. Viendo como estamos gestionando todo el tema del cambio climático y sus consecuencias, he llegado a una conclusión. En mi humilde opinión, más que la estupidez, el principal problema de la humanidad radica en su gran ceguera mental.

El deshielo del ártico es una realidad y un serio problema que todos los países del mundo deberían abordar. Aunque pareciera que los grandes dirigentes mundiales, a su ritmo claro está, se pusieran  de acuerdo para acordar un plan medioambiental común, la aparición de Trump podría terminar con la disolución de la EPA (el organismo para la protección ambiental de EEUU) y el impulso de más energías fósiles. Y pese a los Acuerdos de París, las perspectivas no son demasiado optimistas. Pero frente a grandes problemas, la desesperación asoma…

Esta mañana leía un artículo de Gizmodo en la revista Earth’s Fututre, sobre una propuesta de unos científicos para salvar el ártico. Aunque técnicamente parezca compleja, su propuesta es relativamente simple. En mi opinión resulta un tanto absurda e innecesaria, sobre todo si  consiguiéramos eliminar la ceguera mental de la humanidad. Dichos científicos proponen la instalación de unos molinos boyas bombas en el ártico. La idea es que  una turbina movida por el molino de viento, bombee el agua de debajo de la capa de hielo hasta la superficie. Y una vez allí que las bajísimas temperaturas hagan el resto. De esta forma, se conseguiría aumentar el grosor de la capa de hielo en casi un metro, y consecuentemente aumentaría la resistencia del ártico frente al cambio climático.

Aparentemente la propuesta parece ingeniosa, e incluso podríamos llegar a tildarla de razonable. Si hacemos números, considerando que cada bomba sería capaz de cubrir 0,1 km2, y el área total del ártico es de 107 km2, nos encontraríamos con el problema de tener que instalar 100 millones de molinos-boyas-bombas, con un coste de trillones de dólares.

Señores… ¿qué tal si en lugar de intentar construir castillos en las nubes, nos centramos en mantener en pie los de tierra firme? ¿Realmente hay que evitar el deshielo del ártico? ¡Evidentemente sí! Pero empecemos por concienciar sobre el cambio climático, animemos a reciclar y consigamos reutilizar. Afortunadamente, vivimos en una época donde la economía colaborativa está en auge continuamente. Nunca había sido tan fácil contribuir en el cuidado del planeta. Con gestos como compartir un coche, una casa, cambiar algo que ya no usamos, etc. Estamos contribuyendo a reducir el cambio climático, y todo al alcance de un solo clic. Todos conoceréis Blablacar, en el sector del transporte. Airbnb, en el sector del alojamiento. Swapp, enfocado en los objetos del día a día, etc… Potenciemos las herramientas de las que disponemos y no fantaseemos con las que no están a nuestro alcance.

Hay que hacer desaparecer esa ceguera que a veces nos nubla la mente. Tenemos recursos suficientes para colaborar entre todos y conseguir ese objetivo, sin tener que proponer alternativas descabelladas. De cada uno de nosotros depende convertir las ciudades, en “smart cities”, ciudades que a través de las herramientas que la tecnología nos brinda, sean capaces de crear sinergias internas reduciendo el consumo innecesario. “Simplemente” hay que optimizar las ciudades, optimizar nuestro día a día, y créedme, es más difícil no hacerlo que dejarnos seducir por las fantásticas alternativas de la economía colaborativa.

Como colofón,  una reflexión final, ¿Qué tal si en lugar de intentar gastar trillones de dólares, empezamos a concienciar, reciclar y reutilizar utilizando las magníficas alternativas que nos traen las nuevas tecnologías y que tenemos a un solo clic? Depende de todos nosotros y no de unos molinos-boyas-bombas el cuidar y mantener sano nuestro planeta, y en consecuencia, nuestras vidas, y las de futuras generaciones. Solo hay que hacer “clic”, abrir la mente a las nuevas posibilidades y dejar que las sinergias entre nuestras necesidades sean el pan de cada día, y no un extraño evento a contar, en nuestro “road map”.

Hace unos días uno de vosotros nos hizo llegar esta carta, y hemos querido compartirla con toda la comunidad.

“Había ido a Barcelona a disfrutar del carnaval. De regreso a Valencia, mi casa temporal, me doy cuenta que el cargador del MAC no me había acompañado. Imposible recuperarlo (muchas visitas en pocos días). Opté por entrar en Swapp. En mi nítida pantalla, vi un cargador idéntico al mío. Intento conseguirlo ofreciendo una pulsera inteligente que no usaba. Lo obtengo. Vuelvo a sentir equilibrio corporal y una seguridad indescriptible. En dos semanas mi felicidad aumenta, recupero mi antiguo cargador (me lo trae un buen amigo). Vuelvo a entrar en Swapp y decido cambiarlo por un disco de vinilo de James Blake CMYK del 2010. Soy un apasionado de los vinilos. Más tarde, decido subirlo a Swapp junto a otros vinilos que tenia en casa. Soy un apasionado pero decido que es el momento de experimentar cambios en mi vida. En pocas horas me salta una notificación de “match” y… ¡Bingo! Una Go Pro. La uso unas semanas y vuelvo a cambiarla por una Réflex canon EOS 1300 D. Decido pasar mi tiempo libre realizando fotografías magnificas. Puestas de sol, noches estrelladas, escenas cotidianas  y me presento a un concurso para aficionados. Lo gano y mi vida experimenta un giro de 180 grados. Intento procesar el transcurso de mi vida últimamente y reconozco que Swapp ha propiciado mi buena fortuna. Ha sido mi amuleto de la suerte. Ya lo decís en vuestro blog… “Nada cambia si no cambias nada.” Se lo digo a todos mis amigos, no tengáis miedo. Entrad en Swapp y haced cambios en vuestras vidas.

Gracias.

Marc.”


¡La ceguera mental humana!

¿Hasta que punto el ser humano puede ser capaz de no ver lo que tiene delante de sus narices? Reflexionando sobre la frase atribuida a Albert Einstein, “Hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana”. Viendo como estamos gestionando todo el tema del cambio climático y sus consecuencias, he llegado a una conclusión. En mi humilde opinión, más que la estupidez, el principal problema de la humanidad radica en su gran ceguera mental.

El deshielo del ártico es una realidad y un serio problema que todos los países del mundo deberían abordar. Aunque pareciera que los grandes dirigentes mundiales, a su ritmo claro está, se pusieran  de acuerdo para acordar un plan medioambiental común, la aparición de Trump podría terminar con la disolución de la EPA (el organismo para la protección ambiental de EEUU) y el impulso de más energías fósiles. Y pese a los Acuerdos de París, las perspectivas no son demasiado optimistas. Pero frente a grandes problemas, la desesperación asoma…

Esta mañana leía un artículo de Gizmodo en la revista Earth’s Fututre, sobre una propuesta de unos científicos para salvar el ártico. Aunque técnicamente parezca compleja, su propuesta es relativamente simple. En mi opinión resulta un tanto absurda e innecesaria, sobre todo si  consiguiéramos eliminar la ceguera mental de la humanidad. Dichos científicos proponen la instalación de unos molinos boyas bombas en el ártico. La idea es que  una turbina movida por el molino de viento, bombee el agua de debajo de la capa de hielo hasta la superficie. Y una vez allí que las bajísimas temperaturas hagan el resto. De esta forma, se conseguiría aumentar el grosor de la capa de hielo en casi un metro, y consecuentemente aumentaría la resistencia del ártico frente al cambio climático.

Aparentemente la propuesta parece ingeniosa, e incluso podríamos llegar a tildarla de razonable. Si hacemos números, considerando que cada bomba sería capaz de cubrir 0,1 km2, y el área total del ártico es de 107 km2, nos encontraríamos con el problema de tener que instalar 100 millones de molinos-boyas-bombas, con un coste de trillones de dólares.

Señores… ¿qué tal si en lugar de intentar construir castillos en las nubes, nos centramos en mantener en pie los de tierra firme? ¿Realmente hay que evitar el deshielo del ártico? ¡Evidentemente sí! Pero empecemos por concienciar sobre el cambio climático, animemos a reciclar y consigamos reutilizar. Afortunadamente, vivimos en una época donde la economía colaborativa está en auge continuamente. Nunca había sido tan fácil contribuir en el cuidado del planeta. Con gestos como compartir un coche, una casa, cambiar algo que ya no usamos, etc. Estamos contribuyendo a reducir el cambio climático, y todo al alcance de un solo clic. Todos conoceréis Blablacar, en el sector del transporte. Airbnb, en el sector del alojamiento. Swapp, enfocado en los objetos del día a día, etc… Potenciemos las herramientas de las que disponemos y no fantaseemos con las que no están a nuestro alcance.

Hay que hacer desaparecer esa ceguera que a veces nos nubla la mente. Tenemos recursos suficientes para colaborar entre todos y conseguir ese objetivo, sin tener que proponer alternativas descabelladas. De cada uno de nosotros depende convertir las ciudades, en “smart cities”, ciudades que a través de las herramientas que la tecnología nos brinda, sean capaces de crear sinergias internas reduciendo el consumo innecesario. “Simplemente” hay que optimizar las ciudades, optimizar nuestro día a día, y créedme, es más difícil no hacerlo que dejarnos seducir por las fantásticas alternativas de la economía colaborativa.

Como colofón,  una reflexión final, ¿Qué tal si en lugar de intentar gastar trillones de dólares, empezamos a concienciar, reciclar y reutilizar utilizando las magníficas alternativas que nos traen las nuevas tecnologías y que tenemos a un solo clic? Depende de todos nosotros y no de unos molinos-boyas-bombas el cuidar y mantener sano nuestro planeta, y en consecuencia, nuestras vidas, y las de futuras generaciones. Solo hay que hacer “clic”, abrir la mente a las nuevas posibilidades y dejar que las sinergias entre nuestras necesidades sean el pan de cada día, y no un extraño evento a contar, en nuestro “road map”.

¿Hasta que punto el ser humano puede ser capaz de no ver lo que tiene delante de sus narices? Reflexionando sobre la frase atribuida a Albert Einstein, “Hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana”. Viendo como estamos gestionando todo el tema del cambio climático y sus consecuencias, he llegado a una conclusión. En mi humilde opinión, más que la estupidez, el principal problema de la humanidad radica en su gran ceguera mental.

El deshielo del ártico es una realidad y un serio problema que todos los países del mundo deberían abordar. Aunque pareciera que los grandes dirigentes mundiales, a su ritmo claro está, se pusieran  de acuerdo para acordar un plan medioambiental común, la aparición de Trump podría terminar con la disolución de la EPA (el organismo para la protección ambiental de EEUU) y el impulso de más energías fósiles. Y pese a los Acuerdos de París, las perspectivas no son demasiado optimistas. Pero frente a grandes problemas, la desesperación asoma…

Esta mañana leía un artículo de Gizmodo en la revista Earth’s Fututre, sobre una propuesta de unos científicos para salvar el ártico. Aunque técnicamente parezca compleja, su propuesta es relativamente simple. En mi opinión resulta un tanto absurda e innecesaria, sobre todo si  consiguiéramos eliminar la ceguera mental de la humanidad. Dichos científicos proponen la instalación de unos molinos boyas bombas en el ártico. La idea es que  una turbina movida por el molino de viento, bombee el agua de debajo de la capa de hielo hasta la superficie. Y una vez allí que las bajísimas temperaturas hagan el resto. De esta forma, se conseguiría aumentar el grosor de la capa de hielo en casi un metro, y consecuentemente aumentaría la resistencia del ártico frente al cambio climático.

Aparentemente la propuesta parece ingeniosa, e incluso podríamos llegar a tildarla de razonable. Si hacemos números, considerando que cada bomba sería capaz de cubrir 0,1 km2, y el área total del ártico es de 107 km2, nos encontraríamos con el problema de tener que instalar 100 millones de molinos-boyas-bombas, con un coste de trillones de dólares.

Señores… ¿qué tal si en lugar de intentar construir castillos en las nubes, nos centramos en mantener en pie los de tierra firme? ¿Realmente hay que evitar el deshielo del ártico? ¡Evidentemente sí! Pero empecemos por concienciar sobre el cambio climático, animemos a reciclar y consigamos reutilizar. Afortunadamente, vivimos en una época donde la economía colaborativa está en auge continuamente. Nunca había sido tan fácil contribuir en el cuidado del planeta. Con gestos como compartir un coche, una casa, cambiar algo que ya no usamos, etc. Estamos contribuyendo a reducir el cambio climático, y todo al alcance de un solo clic. Todos conoceréis Blablacar, en el sector del transporte. Airbnb, en el sector del alojamiento. Swapp, enfocado en los objetos del día a día, etc… Potenciemos las herramientas de las que disponemos y no fantaseemos con las que no están a nuestro alcance.

Hay que hacer desaparecer esa ceguera que a veces nos nubla la mente. Tenemos recursos suficientes para colaborar entre todos y conseguir ese objetivo, sin tener que proponer alternativas descabelladas. De cada uno de nosotros depende convertir las ciudades, en “smart cities”, ciudades que a través de las herramientas que la tecnología nos brinda, sean capaces de crear sinergias internas reduciendo el consumo innecesario. “Simplemente” hay que optimizar las ciudades, optimizar nuestro día a día, y créedme, es más difícil no hacerlo que dejarnos seducir por las fantásticas alternativas de la economía colaborativa.

Como colofón,  una reflexión final, ¿Qué tal si en lugar de intentar gastar trillones de dólares, empezamos a concienciar, reciclar y reutilizar utilizando las magníficas alternativas que nos traen las nuevas tecnologías y que tenemos a un solo clic? Depende de todos nosotros y no de unos molinos-boyas-bombas el cuidar y mantener sano nuestro planeta, y en consecuencia, nuestras vidas, y las de futuras generaciones. Solo hay que hacer “clic”, abrir la mente a las nuevas posibilidades y dejar que las sinergias entre nuestras necesidades sean el pan de cada día, y no un extraño evento a contar, en nuestro “road map”.